La primera sesión casi siempre genera más nervios de lo que debería. No sabes exactamente qué va a pasar. No sabes qué decir. No sabes si lo que te ocurre "es suficiente" para ir. Eso ya es razón suficiente para leer esto antes de ir.
Qué ocurre en la primera sesión
La primera sesión es principalmente una conversación. No un interrogatorio, no un diagnóstico inmediato, no un examen. El psicólogo buscará entender quién eres, qué te trae allí y cuál es tu situación actual. Hará preguntas. Te escuchará. Podrá tomar alguna nota.
El objetivo no es resolver nada en esa primera hora, sino crear una base de entendimiento mutuo. Tú también estás evaluando si esa persona te genera confianza y si sientes que puede ayudarte. Es una relación que se construye desde el primer encuentro, no desde el décimo.
Al final de la sesión, el psicólogo suele resumir lo que ha entendido, te explicará brevemente cómo podría trabajarse lo que traes y te preguntará si quieres continuar. No hay compromiso implícito de seguir si no lo sientes bien.
No tienes que tenerlo todo claro
Una de las razones más frecuentes para aplazar la primera sesión es no saber bien qué decir. "No sé cómo explicarme." "No sé si lo que me pasa es suficientemente grave." "No sé ni por dónde empezar."
El psicólogo está acostumbrado a trabajar con personas que llegan sin tenerlo claro. De hecho, parte de su trabajo es ayudarte a articular lo que sientes. No necesitas llegar con un resumen estructurado de tu vida. Puedes llegar simplemente con: "No estoy bien y no sé explicar bien por qué."
Eso es suficiente para empezar.
Lo que no es la primera sesión
Hay ideas sobre la terapia que generan expectativas equivocadas y que pueden hacer la experiencia más difícil de lo necesario:
- No es una sesión de consejo. El psicólogo no va a decirte qué hacer ni a darte soluciones inmediatas. Va a ayudarte a entender mejor lo que te pasa para que puedas encontrar tu propio camino.
- No te van a juzgar. Puedes decir cosas que te dan vergüenza, que no le dirías a nadie más. Para eso está el espacio terapéutico.
- No tienes que hablar de tu infancia si no quieres. Depende del tipo de terapia y del especialista, pero en la primera sesión nadie va a forzarte a ir a lugares que no quieres explorar.
- No saldrás "curado" ni tampoco destrozado. Es posible que salgas con una mezcla de alivio y de cosas que pensar. Eso es normal.
Cómo prepararte (sin sobreprepararte)
No hay mucho que preparar. Si te ayuda, puedes pensar brevemente en qué es lo que más te está pesando últimamente. No hace falta redactarlo ni ordenarlo. Solo tener una idea aproximada de por dónde empezar.
Lo más importante es ir. El mayor obstáculo casi siempre es ese primer paso, y una vez dado, la mayoría de personas describen la primera sesión como mucho menos intimidante de lo que esperaban.
Después de la primera sesión
Es normal que después de la primera sesión te sientas un poco removido. Hablar de cosas que normalmente no se verbalizan puede dejar una sensación extraña, incluso algo de cansancio emocional. Eso no significa que haya ido mal. Significa que algo se movió.
Si la persona no te ha generado confianza, puedes probar con otro especialista. La relación terapéutica importa mucho, y no todos los psicólogos funcionan igual de bien con todas las personas. Que no te haya funcionado uno no significa que la terapia no sea para ti.
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